ENFOQUE DE VIDA: COMO COMPLACER A UN HOMBRE Y VIVIR PARA CONTARLO

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Como complacer un hombre y vivir para contarlo

Por Marangel Clemente

Con esto de la liberación femenina, hasta el titulo de este artículo es casi prohibido… “Pa’ complacerlo a él, que me complazcan a mi primero,” es la actitud ya aceptada en varios círculos sociales.  La premisa surge del hecho de que antes la mujer tenía entre sus deberes conyugales el de complacer a su esposo ya que era él quien traía el pan al hogar.  “Hoy, como cada cual carga con su media libra, pues “si quiere desayuno en la cama, que duerma en la cocina.”

“Tan pronto consiga un hombre que gane el doble de lo que gano yo, dejo de trabajar y me dedico por entero a mis hijos,” me atreví a comentar en cierta ocasión a varias compañeras de labor.  Claro que me ahogaron en “lógicos” argumentos: “!Pero, como vas a decir eso, una profesional como tú!”… “Mira y que sacrificar años de estudios universitarios para irse a criar muchachos!” y cosas por el estilo.  En fin, que como de cualquier forma, todavía no daba con mi príncipe negro, me tuve que tragar aquel “profesionalismo” unos cuantos años…

Cada generación se enfrasca en los limitados conceptos de su tiempo.  Y generación tras generación, vemos como comportamientos entonces delimitados como raros, ridículos e incluso intolerables, hoy son más bien la norma y hasta recomendados por expertos.  Antes te recomendaban que el bebe durmiera boca abajo arriba o de lado, ¡por la misma razón!  Para mediados del siglo pasado, fumar cigarrillos era una cosa glamorosa y trotar por las calles se veía bastante ridículo.  Hoy demandamos a las compañías tabacaleras y admiramos al que camina y trota por el vecindario.  Que si el café, que si no al café… que si el vino, pero no tanto.  Que otro fumo cada día de su vida y se murió cuando dejo el vicio.

Antes, la mujer decente era la que se quedaba en su casa; hoy se pone en un pedestal “supermujer”, que no solo atiende bien su casa, sino que cumple eficazmente con su papel corporativo o empresarial.

Creo que urge un nuevo discurso feminista. Uno que le dé la bienvenida tanto al lado femenino del varón (y no me refiero a sacar a nadie de ningún closet) como a las fortalezas de la mujer.  Ya es hora de un discurso que trascienda generaciones y que permita a la mujer decidir, o sea ejercer, su libertad, como ella mejor entienda, como individuo y no como perteneciente a un género.  Que se declare passe la lucha contra los prejuicios, y en boga el apoderamiento de la mujer en lo que respecta a su propio criterio.  Que ella se sepa y se reconozca como dueña de sí misma… que complazca a su marido porque le nace de sí misma llenarle de placeres en todas sus formas.  Que se vaya a trabajar porque quiere sentirse productiva, o por su particular circunstancia, y no porque tenga que demostrarle a nadie “que puede”, no por pura apariencia disfuncional.

El trillado, desusado y ¿actual? Discurso feminista virtualmente saco a las mujeres de la casa para dejarlas en la calle.  Equivale a habernos quedado frente al umbral de nuestro hogar sin la llave para entrar a descansar de los trajines del día… Salimos del trabajo –de competir en un ambiente demarcado por el espiritual tribal del hombre, pese a que cada vez mas féminas se destacan en él, y llegamos a la casa invadidas por el espíritu de competencia, con las defensas en alto, listas para reaccionar, o mejor decir, demostrar que “puedo hacer todo lo que él hace, y puedo hacerlo mejor.”

No me malinterpreten, la competencia es buena y hasta saludable, aparte de que lo anterior no es representativo de todas los millones de mujeres de este mundo, pero es saludables recordar que no importa nuestra circunstancia todo tiene su tiempo.  Así como no nos parecería bien que nuestros hijos estuviesen leyendo TODO EL TIEMPO o todo el tiempo jugando, nosotras también necesitamos un balance.  Tu también necesitas (necesito…necesitamos) dejar fluir esa delicada mujer colmada de flores (con o sin espinitas, ven como estés) de suavidad, de miel de amor de abejas que late en ti.

Por si acaso estas cansada de hacer el papel de la supermujer, y estas dispuesta a dejar de lado el ego, aunque sea por una hora diaria… Si por si las moscas te mueres por hacerle chucherías a tu marido, amante, compañero, te incluyo lo que me contestaron algunos varones al preguntarle lo siguiente: “Si tuvieras una mujer que definitivamente fuera a hacer lo que tú le pides, ¿Cuál sería tu deseo?”

Debo confesar que algunas respuestas fueron catárticas y obligaron a estos representantes del género masculino a repensar algunas de sus exigencias:

“Que me complazca,” me dijo uno que lleva más de treinta años de casado, “a veces eso se ve a través del tiempo, y aun así como que no se logra.  Ese es el ego del hombre: Uno quiere abrir la boca y que ella este ahí, pero eso es imposible… No se puede ser tan egoísta.”

Otro que ha reintentado tener éxito en el amor algunas veces, pidió simplemente: “Mas comunicación… que me deje saber lo que quiere y lo que piensa.  Lo otro no te lo puedo decir,” y como no me dijo, no entendí.

Un tercero fue algo más técnico: “Quisiera que mi esposa tuviera la misma línea de pensamiento que yo en cuanto a las finanzas.  En el aspecto intimo es una salvaje, ahí no me atrevo a pedir más.”  Otra víctima como que no capto la pregunta (¿Un hombre que no escucha? IMPOSIBLE) ya que empezó diciendo que “hasta ahora tengo todo lo que quiero (con mi mujer) para concluir aceptando que desea que su esposa “organice sus finanzas pero ya!”

Finalmente, otro descendiente de Marte determino que “solo pido que me trate como un rey en todos los sentidos… yo me encargo de tratarla como a una reina.”

En conclusión, el papel lo aguanta todo, una cosa es lo que dice y otra la que se hace.  El hombre, por lo general, tiene la desventaja de que no es un ser muy expresivo y encima le incomoda el andar hablando de sentimentalismos y cursilerías.  Como mujer, nuestra labor es bastante cuesta arriba a la hora de educar a nuestros compañeros sobre la fortaleza de una flor, sobre el poder que surge de la total vulnerabilidad que surge cuando nos rendimos a los brazos de otro… Eso nos aplica a nosotras también, dejémonos llevar de vez en cuando.

Inspirado en el libro: Maquiavelo para Mujeres, de Harriet Rubin

“El éxito de las princesas no depende de eliminar a los hombres de su vida ni de rodearse de individuos débiles.  Muchas veces las mujeres han pensado que el hombre es el enemigo.  Los hombres son unos inútiles, dijo una mujer muy independiente… A medida que las mujeres han comenzado a saborear el poder, las que llegan más lejos han logrado hacer las paces con los hombres.  De este modo, los utilizan como aliados.”  – Harriet Rubin

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